10 razones para seguir la NBA

Mañana arranca un nuevo año en la liga de básquetbol más importante del mundo. Aunque no hubo grandes traspasos, siempre hay intrigas y tramas por descubrir.

1 Los héroes de Japón

Esta vez nadie se pudo dar por sorprendido: cualquiera que entienda el básquetbol moderno sabe que Estados Unidos no es la potencia inalcanzable que en algún momento fue. En el Mundial de Japón recibió una lección -fue tercero tras caer en semifinales con Grecia-, al mismo tiempo que doce españoles dejaron celebrando a todo un país. De ese equipo -popularizado como ÑBA- cuatro verán acción este año en la liga. Pau Gasol, por mérito, lidera la lista, aunque primero tiene que ponerse bien de la fractura al quinto metatarsiano del pie izquierdo, sufrida en la semifinal planetaria frente a Argentina. Memphis depende, casi por completo, de él: es uno de los internos más ágiles del campeonato y mirarlo por debajo del hombro -como hicieron en sus primeros años en la liga- es ya imposible. José Manuel Calderón cumple su segundo año en Toronto, equipo que este año sumó, además, al notable Jorge Garbajosa. El último de los "golden boys" es Sergio Rodriguez, que cayó en Portland tras la final de Tokio. Su adaptación debería ser más lenta. Los ibéricos son sólo el ejemplo de moda de la internacionalización total de la NBA: no hay franquicia que no haya echado mano al talento extranjero. Hay cuadros, como los Raptors, que piensan construirse basados en eso: tiene seis foráneos en sus filas: Pape Sow (Senegal); Uros Slokar y Rasho Nesterovic (Eslovenia); Garbajosa y Calderón; y Andrea Bargnani (Italia). Este último fue elegido como primera selección del Draft y fue la segunda vez consecutiva que el honor recae en un extranjero, ya que en 2005 había sido el australiano Andrew Bogut. ¿Algo más? Sí, el MVP de las últimos dos campañas fue Steve Nash, un base blanco y nacido en... Canadá.

2 La defensa del campeón

Sobrepoblación de personalidades en Miami. El hiperexigente coach Pat Riley, el carismático Shaquille O'Neal y el ultra marqueteado Dwyane Wade en un mismo camarín, pero no hay problemas, todo bien. ¿Por qué? Porque saben que se necesitan unos a otros y entienden sus roles. El demoledor pívot supo comprender a tiempo que a su edad -va a cumplir 35- tenía que ceder protagonismo, pero a alguien que le diera el respeto que se merece. Wade encajó perfecto y Riley cocinó el resto, con algunos ingredientes más. Ganaron el título la temporada pasada, en una de las mejores finales de la década (vencieron a Dallas en seis partidos). El plantel está intacto, lo que les da pie para pensar en repetir. Depende, eso sí, de cómo evolucione el resto de los aspirantes.

3 El renacer de los Bulls

Largos años tuvo que esperar Chicago para rearmar un equipo digno tras el traumático retiro de Michael Jordan. La gente lo sufrió: debió empezar a tomar cerveza cuando estaba acostumbrada al champagne. Esta temporada las cosas pueden cambiar: tras dos años perdiendo en primera ronda de los Playoffs, parecen ya listos para llegar más lejos. De hecho, la única gran contratación del receso fue Ben Wallace, quien no renovó con Detroit y optó por los Bulls. El poste, cuatro veces elegido el mejor jugador defensivo de la liga, tuvo muchos encontrones con el técnico Flip Saunders -jamás lo perdonó por sentarlo todo el último cuarto en el partido final de la Conferencia del Este frente a Miami- y los 60 millones de dólares por cuatro años de sueldo hicieron el resto. Aún Chicago no está en la primera línea de aspirantes, pero al menos son de nuevo una ciudad ganadora.

4 Más vergüenzas de los Knicks

Nueva York debe tener el índice de canchas de básquetbol por kilómetro cuadrado más alto de Estados Unidos. La gente se desvive por la suerte de los Knicks, pero tiene poca paciencia. Y lo del año pasado, bueno, fue demasiado. El equipo terminó con el segundo peor registro de la liga, ignominia inédita para una plaza tan popular. Rodó la cabeza de Larry Brown, reputado técnico, que cavó su propia tumba peleándose con su estrella -Stephon Marbury- y echándole la culpa siempre a los jugadores por las derrotas. Tomó el buque Isiah Thomas, pero los mares siguen tormentosos. Es un plantel con talento, pero muy desequilibrado.

5 Amare vive

El asunto es matemática simple: Phoenix ganó 54 partidos en la temporada regular del torneo pasado y cayó, apenas, en la final del Oeste frente a Dallas. Todo eso sin su jugador más dominante, Amare Stoudemire. El alero se lesionó la rodilla derecha y jugó apenas tres partidos. Intentó volver a ayudar, pero no estando en plenitud de condiciones. ¿Lo está ahora? Mmm.
Difícil saberlo. La verdad es que no se ve en forma. Los reportes hablan de una discusión entre el interno y su técnico, Mike D'Antoni, hace unos días. "Oye, o te pones a trabajar o te vas a sentar", fue lo último que se escuchó. Por ahí pasan las chances de los Suns: si Stoudemire puede promediar otra vez 26 puntos y 9 rebotes, el título estará al alcance de la mano. Si no, habrá que confiar en los malabares de Steve Nash para pelear arriba.

6 Rezarle a San Antonio

Curioso cómo evolucionan los equipos de básquetbol. En 2005 los Spurs fueron campeones de la NBA con un equipo afiatado e indiscutido como el mejor de la liga. Sumaron piezas importantes para 2006, pero no hubo caso: la fórmula nunca terminó de cuajar, pese a que, por ejemplo, Tony Parker concretó el mejor año de su vida. El equipo era peligroso, bien entrenado, pero había perdido la chispa. Se despidieron en semifinales de conferencia y había que ver qué hacer. ¿Qué hicieron? Nada. Perdieron a Nazr Mohammed -se fue a los Pistons para llenar el cupo de Wallace- y Rasho Nesterovic, pero el resto se mantuvo. Tim Duncan está en forma y las dudas pasan por Emanuel Ginóbili, quien tuvo una pasada temporada correcta, pero falló en la misión de desnivelar duelos cerrados. El físico del argentino le está comenzando a pasar factura tras un carrera exigente en Europa y Estados Unidos.
Igual es la cabeza de la legión sudamericana. Fabricio Oberto, también en los Spurs, aparece, al fin, como titular para esta temporada. Aunque mejores números deberían aparecer con el también argentino Andrés Nocioni, corazón de los Bulls, y el brasileño Nené, de Denver. La lista la completan los brasileños Leandrinho (Phoenix), Anderson Varejao (Cleveland) y Rafael Araujo (Utah), los argentinos Walter Herrmann (Charlotte), Carlos Delfino (Detroit) y el uruguayo Esteban Batista (Atlanta). ¿Chilenos? No, gracias

7 Jordan vuelve al negocio

Habrá dejado de jugar hace años Michael Jordan, pero su cuenta corriente no ha sentido el golpe. Su línea de ropa deportiva es siempre rentable, aún es una figura publicitaria deseable y, hace poco, se sumó al comité que intenta llevar los Juegos Olímpicos de 2016 a Chicago. Entre medio, el mejor basquetbolista de todos los tiempos apartó un poco de efectivo para hacerse copropietario de los modestos Charlotte Bobcats. La jugada es arriesgada: el equipo es joven, casi sin figuras -Emeka Okafor es su gran nombre y este año suman al novato Adam Morrison, un canastero muy popular en la NCAA- y perdió cerca de 15 millones de dólares en la temporada pasada. Jordan es hábil en cuanto a su imagen y no quiere que se repita lo que sucedió en Washington en 2002, de donde salió muy trasquilado tras invertir en la franquicia e, incluso, volver al parquet. Todo indica que será distinto esta vez: de hecho, casi no se aparece por Carolina del Norte y no ha permitido publicitar su llegada al club para atraer nuevos sponsors.

8 LeBron busca el golpe

Nadie duda de la capacidad de LeBron James a esta altura. Y bueno, habría que ser un imbécil para hacerlo: con 21 años promedió 31,4 puntos, 7 rebotes y 6,6 asistencias por partido, lo que antes hicieron sólo tres tipos en la historia (Jordan, Oscar Robertson y Jerry West). El alero hace todo y lo hace bien. Con una producción así llevó a Cleveland a la segunda ronda de los Playoffs, una buena marca, pero eso tiene que ser sólo el comienzo para alguien de su talento. No le trajeron más gente para acompañarlo, pero cuenta, de todas formas, con un reparto digno, sobre todo si Larry Hughes decide ponerse a la altura y Zydrunas Ilgauskas se mantiene sano. Es tiempo de que James empiece a facturar en títulos y no sólo millones de dólares por publicidad.

9 Ojo con las pistolas

David Stern, comisionado de la NBA, pide en un comunicado que, en la medida de lo posible, los jugadores traten de no llevar armas de fuego consigo. Claro, en la medida de lo posible. La petición no es nada absurda. Pau Gasol cuenta que casi todos sus compañeros tienen pistolas en sus autos.
"Para protección se supone. Es otra cultura, con la que no estoy de acuerdo", señala el español. El tema quedó al descubierto, una vez más, en agosto pasado. Durante el campamento de prácticas de los Pacers, Stephen Jackson, Jamaal Tinsley, Marquis Daniels y Jimmie Hunter decidieron cerrar un día arduo de trabajo en un conocido nightclub de Indianápolis -costumbre arraigada entre buena parte de los jugadores-. Ahí, las cosas se salieron un poco de control, hubo una disputa, y todo terminó con una riña y Jackson disparando cinco tiros al aire en "defensa" personal. Stern ha intentado, durante más de diez años, mejorar la imagen pública de los basquetbolistas con medidas que van desde el endurecimiento de la política antidopaje hasta un código de vestimenta en los gimnasios. La batalla la está perdiendo.

10 El mundo de Kobe

Tras un década en la liga, Bryant decidió hacer un cambio. No es su juego ni su actitud: el número de la camiseta. Dejó el 8 y ahora lleva el 24. En Estados Unidos todos se preguntan el porqué de la modificación -el más notorio desde que Jordan dejara por una temporada la 23 para tomar la 45-, pero él no se molesta en aclarar. Una pista: ocupaba dicha cifra en la escuela secundaria. En todo caso, lo más probable es que el escolta de los Lakers quiera vender más poleras. Como sea, si es lo único que va a variar este año para Bryant, está en problemas. La temporada pasada dio lucha, pero no pudo pasar la primera ronda de los Playoffs, a pesar de hazañas como anotar 81 puntos en un solo partido y de entender mejor la ofensiva que pretende llevar Phil Jackson. Las comparaciones de su carrera con la de Shaquille O'Neal ya no valen: están en dos estratos distintos por el momento. Es verdad, a Kobe el reparto no lo ayuda: este año le sumaron sólo a Vladimir Radmanovic, muy poco para pensar que alguien más, que no sea él, pueda llevar a los californianos al próximo nivel.


FotoCobertura de la IV Cumbre de las Americas.

 
 

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